Una incorporación que no funciona no siempre empieza con una mala elección.
Muchas veces, meses después del ingreso, aparece el “no vende”, “no funciona” o “no era lo que necesitábamos”.
Pero el problema puede haber empezado mucho antes: el puesto mezclaba responsabilidades de distintos roles, el seniority no coincidía con lo que se esperaba o los objetivos estaban claros para el dueño, pero nunca se tradujeron en expectativas concretas para la persona que ingresó.
Y cuando eso pasa, cambiar al candidato no necesariamente resuelve el problema.
Por eso nuestro trabajo empieza antes de publicar la vacante.